—Entonces, a vuestra vez despojaréis a vuestro hermano, y cubriréis de oprobio el nombre de Pembleton.

—Si tales son vuestras ideas, milady, dijo lord William con amargura, ¿a qué habéis venido aquí?

—A proponeros una transacción.

—Veamos.

—Dejaréis inmediatamente a Londres, volveréis a Australia, conservaréis el nombre de Walter Bruce, que es ahora fatal e inflexiblemente el vuestro.....

—¿Y qué me daréis en cambio? preguntó lord William con ironía.

—Todo el oro que queráis.

Lord William se sonrió amargamente.

—Lo que me pedís es imposible, dijo.

Esta respuesta glacial no desconcertó a lady Pembleton.