—Lo que pedís es absolutamente imposible, caballero.

—¡Ah! ¿lo creéis así?

—Sí, dijo lady Pembleton sordamente. El derecho de primogenitura existe en Inglaterra.

Lord William hizo un gesto de cólera.

—¡Basta, milady! dijo: no podemos entendernos.

—¿No decís, caballero, repuso lady Pembleton con acento glacial, que sois lord William?

—Demasiado lo sabéis, dijo este con indignación.

—Pues bien, es necesario probarlo.

—Lo probaré, milady.

—Entonces, dijo ella, ese día, lord Evandale os devolverá vuestros títulos y vuestra fortuna.