Y dio un paso para retirarse.
Lord William hizo un gesto para detenerla.
Pero ella abrió la puerta y volviéndose, le dijo:
—Si fuerais verdaderamente William, el noble y digno joven que me amaba, y a quien yo he amado tanto, hubierais tenido conmigo otro lenguaje.—A Dios, caballero, no nos volveremos a ver sino delante de la justicia.
Y salió con la frente erguida y con paso majestuoso.
Lord William lanzó un gemido y se dejó caer anonadado en una silla.
—¡Oh! miserable corazón humano! exclamó. ¡He ahí la mujer que me amaba por mí solo....... y que despreciaba las riquezas!
XLIII
diario de un loco de bedlam.