XXIX

En la tarde de aquel mismo día, tres personas se hallaban reunidas en el palacio Pembleton, y celebraban un consejo de familia.

Aquellas tres personas eran lord Evandale, lady Pembleton su esposa, y sir Archibaldo, padre de esta.

Sir Archibaldo no era ya el magnífico personaje, afectuoso y cortés que hemos conocido al principio de esta historia.

Hay hombres favorecidos por la fortuna, a quienes la prosperidad hace mejores, y otros, por el contrario, en quienes despierta todos los malos instintos.

Sir Archibaldo era de estos últimos.

De origen oscuro, y pobre en sus primeros años, había hecho, como sabemos, una gran fortuna en la India.

Satisfecha por esta parte su ambición, se volvió a Inglaterra; pero desde que instaló en ella sus penates, no tuvo ya otra idea ni otro objeto, que el de entroncar en una gran familia, casando a su hija con un alto personaje.

Lord William había sido el primer blanco de sus intrigas.

Luego, muerto para él lord William, había pensado en lord Evandale.