—¿No es pues Mr. Simouns quien os envía? preguntó.

—Esperad, dijo Cokeries, dejadme ir hasta el fin, Mr. Tom.

—Bien, veamos.....

—Hace veinte años que trabajo, prosiguió Edward Cokeries, veinte años que me ocupo de materias contenciosas y, aunque simple pasante de procurador, he hecho algunas economías. Mi sueño dorado sería comprar el oficio de Mr. Simouns, que es muy rico y desea retirarse: pero me faltan 3,000 libras esterlinas, lo que no es una pequeña suma.

—Pues si habéis contado conmigo, dijo Tom sonriéndose tristemente, os habéis engañado de medio a medio.

—No tanto como lo suponéis, Mr. Tom.

El pasante había tomado, al hablar así, un aire tan misterioso, que Tom lo miró con más atención.

—Ya os he dicho, prosiguió Edward Cokeries, que tengo algunas economías.

—Muy bien, ¿y qué?

—Poseo hoy algo así... como de 10 a 12,000 libras esterlinas, y no tendría inconveniente en ponerlas a disposición de Lord William.