—¿De veras? exclamó Tom.
—Tanto más, prosiguió el pasante, que conociendo profundamente, como conozco, las leyes del país, me comprometo a encargarme de ese pleito y estoy seguro de antemano de ganarlo.
—¿Es posible?
—Ayer mismo, dudaba aún en venir a veros, pero he tomado mi partido, y aquí me tenéis.
Tom no cabía en sí de gozo.
—Yo soy quien os ha escrito.......
—¿La carta anónima?
—Sí.
—Entonces, ¿es bien cierto que el teniente Percy está en Perth?
—Ciertísimo. Y en todo caso, no tenéis más que preguntarlo.