Entonces hizo un esfuerzo para levantarse, pero impedido por sus ligaduras, volvió a caer por tierra.
Se hallaba sobre un suelo húmedo y resbaladizo, el de un calabozo sin duda; pero lo que le parecía singular es que aquel suelo era de tablas.
Tom reflexionó algunos momentos, y acabó por adivinar una parte de la verdad.
Había caído en un lazo hábilmente tramado, y las personas que se habían apoderado de él no tenían otro objeto que separarlo de lord William.
Tom era un hombre enérgico.
En los momentos más críticos de su existencia jamás había perdido su presencia de ánimo, y sabía considerar fríamente el peligro sin arredrarse ante él.
Cesó pues de gritar, y cayó en una meditación profunda.
A poco, a fuerza de mirar en el espacio tenebroso que le rodeaba, le pareció descubrir una débil vislumbre, que aparecía y desaparecía por intervalos desiguales.
Aquella dudosa claridad, pasaba probablemente por una estrecha hendedura.
Pero de pronto, la luz se extinguió por completo, y en el mismo instante le pareció sentir una oscilación ligera.