—¿Dónde estoy? preguntó este. ¿Por qué me han atado como a un malhechor?
El marinero se echó a reír.
—Anda a preguntarlo al capitán, ¡mala ralea! dijo. Yo no sé más que una cosa.....
—¿Qué? pregunto Tom con ansiedad.
—Nada; que si vuelves a gritar, vas a llevar la cuerda..... ¿Me entiendes?—Ya estás avisado.
Tom supo dominarse, y no cedió a la cólera que le ahogaba.
—Amigo mío, respondió con dulzura, no hay necesidad de castigo: me callaré, puesto que así me lo mandan.
—¡Así me gusta! eso es lo que se llama ser razonable! dijo el marinero ablandándose a su vez.
—Pero, vamos, prosiguió Tom, ¿no podríais al menos decirme dónde estoy?
—¡Toma! en la sentina del barco.