—¿En qué barco?

—A bordo del Regente, steamer transatlántico.

—¿Y adónde vamos?

—A América.

—Pero en fin, añadió Tom, ¿por qué estoy aquí?

—Eso es lo que no sé.

Y al decir esto se retiró el marinero.

Algunas horas después volvió a aparecer, trayendo algún alimento para Tom y un poco de vino; y bajando a la sentina, le desató las manos a fin de que el desgraciado pudiera comer.

Tom estaba desesperado.

El buque marchaba a todo vapor y se alejaba velozmente de las costas inglesas.