Esta ocasión se hizo esperar muchos días; pero al fin se presentó, como va a verse, probando que el honrado escocés había tenido razón para no desesperar de su estrella.
XLVI
diario de un loco de bedlam.
XXXII
El Regente, gran steamer transatlántico de la marina real inglesa, llevaba el derrotero de Buenos Ayres.
A los quince días de una travesía feliz, dando la vuelta por toda la costa O. de España, entró en las aguas de África, y dio vista al elevado pico de Tenerife.
El sol había bajado al horizonte envuelto en una aureola de púrpura, y el cielo iba extendiendo su manto azul, oscureciendo la vasta extensión del Océano.
Sin embargo hacia el S. O. corrían amontonándose algunas nubes parduscas, y el viento había refrescado de pronto al ponerse el sol.
El capitán, que era un viejo marino, después de haber dirigido sucesivamente su anteojo hacia los cuatro puntos cardinales, había arrugado algún tanto el ceño; pero no dijo sin embargo una palabra.