Y se puso en seguida a la obra.


XLVII

diario de un loco de bedlam.

XXXIII

Tom había llegado a Londres de noche.

A aquella hora, las casas de banca y los escritorios de comercio, así como los gabinetes y oficinas de abogados y procuradores, estaban cerrados.

Así el pobre Tom, aunque devorado de impaciencia, tuvo que esperar al día siguiente.

Aquel día, apenas habían sonado las nueve de la mañana, se hallaba ya en el gabinete de mister Simouns.

El solícitor abrió desmesuradamente los ojos al escucharlo.