—Jamás he tenido ningún pasante llamado Edward Cokeries, le dijo.

—¡Es posible! exclamó el cándido Tom.

—Y en cuanto a lord William y a vuestra mujer, ni siquiera he oído hablar de ellos.

Por lo demás, todo lo que acabáis de contarme, es menos extraordinario de lo que creéis.

Y como al oír estas palabras, se quedase Tom mirándolo estupefacto, Mr. Simouns añadió:

—Debíais haber escuchado mi consejo. Estoy seguro que hubiéramos llegado a una transacción con lord Evandale.

—Pero, ¿quién sabe, exclamó Tom, si a esta hora el miserable no habrá hecho asesinar a su hermano?

—No es probable.

—Sin embargo.......

—¿No decís que lord William, su esposa y sus hijos han desaparecido?