—Sí, respondió Tom.
—¿Y vuestra mujer también?
—Igualmente.
—Pues bien, ya veis que no se asesinan así como quiera cinco personas.
—¿Qué ha sido de ellos entonces?
Mr. Simouns tuvo lástima de la desesperación del pobre escocés.
—Escuchad, le dijo; yo tengo por costumbre el no ocuparme sino de los asuntos de mi profesión: sin embargo, hay tal acento de verdad en vuestras palabras, y estoy ahora tan convencido de que lord William vive, que me decido a tomar mano en vuestra causa y la suya.
No me explicaré más por el momento, pero venid esta tarde, y ya veremos.......
Tom se fue más consolado, y pasó todo el día errando por las calles de Londres, buscando a la ventura y gastando su tiempo inútilmente.
Buscar en Londres una persona que ha desaparecido, es, según el dicho vulgar, como querer hallar una aguja en un montón de paja.