Al día siguiente de vuestra partida de Londres, lord William recibió un telegrama firmado por vos.
—¿Por mí? exclamó Tom.
—Un despacho falso, ya lo comprendéis.
—¡Ah!
—En él decíais a lord William: «He encontrado a Percy.—Cokeries irá a veros. Haced lo que os diga.»
Aquel mismo día, Cokeries se presentó a él.
Hizo redactar a lord William, bajo su dictado, un largo pedimento muy difuso, sembrado acá y allá de frases incoherentes, simulando fórmulas judiciales.
Y hecho esto, se comprometió a entregarlo él mismo al fiscal del tribunal supremo.
Dos días después, lord William recibió una carta vuestra.
—¡Pero si yo no he escrito una palabra! exclamó Tom.