—¡Ah!
—Al mismo tiempo ha recibido una queja de lord Evandale, que reclamaba la acción de la justicia contra un antiguo deportado, que tomaba el nombre de su difunto hermano, y le perseguía con reclamaciones absurdas.
De consiguiente, mientras que mistress Bruce se dirigía a toda prisa a Folkestone, donde creía encontrarlo, lord William se hallaba sometido al examen de dos médicos, los cuales no titubearon en declarar de una manera unánime que estaba loco.
—¿Y..... entonces? preguntó Tom temblando.
—Entonces, ya os lo he dicho, lo han encerrado en Bedlam, donde se halla todavía.
—Pero, ¿y mi mujer?.....
—Vuestra mujer salió para Escocia el mismo día.
Iba en el vagón destinado para las señoras, y al llegar a la segunda estación, una anciana de aspecto muy respetable, se quejó en alta voz pretendiendo que la habían robado.
Todas las demás viajeras rechazaron indignadas esta imputación, pero los empleados del ferrocarril, cumpliendo con su deber, hicieron venir a un inspector de policía.
Registraron a todas las que ocupaban el vagón, y se encontró en la faltriquera de Betzy el bolsillo de la señora robada.