—Pero entonces, dijo Tom, será condenado.

—¡Ya lo creo!... y con harta justicia. Ha sido el más culpable, os lo repito, pues él fue quien sirvió de intermediario entre el teniente y los capataces que conducían la cadena y el supuesto Indio Nizam.

—Entonces el pleito está ganado de antemano, dijo Tom gozoso.

—¡Oh! todavía no, repuso Mr. Simouns.

—Sin embargo.....

—Esperad, añadió el jurisperito. En Inglaterra, toda vez que un interés privado está en juego, la justicia no persigue directamente.

—Pues bien, dijo Tom, nosotros perseguiremos.

—Sí, pero olvidáis que lord Evandale es hoy un hombre poderoso, y que tendrá acaso más partidarios que enemigos, el día en que se le obligue a comparecer en justicia.

—¿Qué importa, si podemos presentar las pruebas auténticas de su infamia?

—Todo lo que queráis, respondió Mr. Simouns; pero así como hay abogados dispuestos a defender el pro, se encuentran muchos para defender el contra. ¿Y quién nos dice que el juez que ha hecho encerrar a lord William como loco, querrá desmentir su opinión?—¿Quién nos asegura que la justicia inglesa osará dar publicidad a semejante escándalo?