—Lord Evandale vacilará ante el temor de un pleito escandaloso, y comprenderá que le conviene una transacción. Una palabra suya basta para que pongan a lord William en libertad.
—¿Y luego?
—Lord William dejará la Inglaterra, irá a París, y allí tendrá lugar el cambio.
—¿Qué cambio?
—El de las doscientas cincuenta mil libras y los títulos de propiedad del palacio Pembleton, contra la declaración del teniente Percy y de sus cómplices, legalizada por la embajada inglesa.
Tom movió la cabeza con desaliento. No estaba enteramente convencido, y le parecía demasiado duro el que lord William abandonase así sus derechos por un interés material, por considerable que fuese.
Además, su responsabilidad como mediador, le pesaba sobre la conciencia.
Mr. Simouns, viendo su indecisión, añadió:
—Reflexionad en todas las dificultades y retardos de un pleito semejante. No conocéis, amigo mío, todas las imperfecciones de nuestra legislación.
—Es verdad.