—Los trámites de ese pleito pueden hacerse durar muchísimos años.
—Y bien, ¿qué importa, si conseguimos el objeto?
—Y durante ese tiempo, continuó Mr. Simouns, la esposa y los hijos de lord William vivirán en la más profunda miseria, y él, encerrado en una casa de locos, acabará por perder la razón.
Este último argumento triunfó en fin de los escrúpulos del honrado escocés.
—Y en fin, dijo para terminar Mr. Simouns, no os ocultaré que si no tengo inconveniente en adelantar siete u ocho mil libras para este negocio, no será lo mismo si se trata de una suma más considerable, y para sostener el pleito, se necesitan al menos veinte y cinco mil libras.
—Pues bien, dijo Tom, sea como queráis.
—¡Perfectamente! respondió Mr. Simouns.
En este momento se abrió la puerta del gabinete y se presentó el teniente Percy.
Tom lo examinó con curiosidad.
Era un hombre joven aún y vigoroso, y que parecía dotado de una gran energía.