—Id inmediatamente a hacer vuestros preparativos de partida, dijo aun Mr. Simouns al teniente Percy. Tan luego como lleguéis a París, me enviaréis un despacho indicándome las señas de la posada que hayáis tomado, vos y vuestros compañeros.
—¿Debemos presentarnos de seguida en la embajada?
—No; permaneceréis allí sin dar el menor paso, hasta la llegada del señor a París, repuso el solícitor señalando a Tom. Él vos indicará lo que debéis hacer.
El teniente se levantó y salió del gabinete.
Entonces, apenas quedaron solos, Tom dijo a Mr. Simouns:
—¿Y mi pobre mujer que está en la cárcel?
—La haremos salir antes de ocho días.
—¿Cómo?
—Yo la haré poner en libertad bajo caución.
—¡Ah! bien, dijo Tom, pero si después deja la Inglaterra, como hemos convenido, se perderá la fianza.