No le fue difícil hallar posada por aquel sitio, y a la mañana siguiente, a la hora convenida, se hallaba delante del work-house, paseándose por la acera y espiando todos los carruajes que pasaban.
En fin, uno de ellos se detuvo, y un hombre bajó de él.
Aquel hombre era el solícitor.
—¡Albricias! amigo Tom, dijo acercándose a este. Se ha encontrado a mistress Bruce.
Tom dejó escapar una exclamación de alegría.
—Tomad, dijo Mr. Simouns, leed.
Y le entregó una carta abierta.
Esta carta era del detective Rogers.
«Muy señor mío;—escribía el agente de policía:—he preferido haceros esperar algunas horas y confiar mi misiva el correo, en vez de emplear el medio lacónico y poco reservado del telégrafo.
»Os escribo esta carta en la casa misma de mistress Bruce.