—Eso es, repuso Mr. Simouns. Así, ¿vais a partir hoy mismo?

—Sí, señor.

—De ese modo llegaréis a París mañana por la mañana: sin perder un minuto, os pondréis en seguida en relación con el teniente Percy.

—¿Dónde lo hallaré?

—Acaba de enviarme un despacho noticiándome que se ha alojado con sus compañeros en el hotel de Champaña, calle Montmartre.

—Bien.

—Al punto los llevaréis a la embajada. Y tan luego como hayan prestado declaración, y esta se halle legalizada en regla, me escribiréis cuatro líneas.

—¿Y después?

—¡Toma! después, iré a ver a lord Evandale.

Tom se inclinó y saludó a Mr. Simouns, que se volvió a su carruaje.