Una hora después, tomaba Tom el tren correo del Sud-Railway y estaba en camino para París.
Cuarenta y ocho horas más tarde, Mr. Simouns recibía el despacho telegráfico siguiente:
«Declaración prestada. Embajador convencido. Pieza legalizada.
»Salida de París esta noche. Mañana en Londres.
Tom.»
—¡Eh!... eh! murmuró Mr. Simouns, empiezo a creer que lord Evandale hará bien en transigir.
L
diario de un loco de bedlam.