—Porque temo que se os escape un movimiento de indignación, a vista de lord Evandale, y que esto comprometa el éxito de nuestra negociación. Si tengo necesidad de vos, os haré llamar.
—Sea como queráis, respondió Tom.
Mr. Simouns entró pues solo en casa de lord Evandale.
El noble personaje le esperaba en su gabinete. No había podido adivinar lo que el solícitor podía tener que decirle; pero como este se había ocupado largo tiempo de los negocios de la familia Pembleton, supuso que lo traía alguna cuestión de interés.
Lo recibió pues cordialmente y aun le invitó a tomar asiento, pero el solícitor permaneció de pie.
—¿De qué se trata pues, mister Simouns? preguntó lord Evandale.
—Milord, respondió aquel, me presento como procurador del hermano de Vuestra Señoría.
—¿Qué hermano? dijo lord Evandale riéndose.
—Vuestro hermano mayor, lord William Pembleton, repuso Mr. Simouns gravemente.
—Señor procurador, dijo lord Evandale, mi hermano ha muerto hace cerca de diez años.