—Es posible.
—¿Y es por órden vuestra?.....
—¡Ah! ¿qué es esto? exclamó lord Evandale con altivez; ¡se me figura que os permitís interrogarme!
—No es mi intención, milord, repuso Mr. Simouns con firmeza, el faltar a la consideración debida a vuestra clase, pero me es necesario probaros que estoy más al corriente de este negocio de lo que creéis.
—En hora buena, hablad.....
—Un día, hará de esto tres meses, la esposa de Walter Bruce,—llamémosle así por la forma,—recibió una carta de su marido... es decir una carta apócrifa en la que se trataba de una transacción.
—¿Con quién?
—Con vos, milord.
—¡Ah! veamos.
—Lord William consentía a no reclamar en justicia su nombre ni su título, y a dejar la Inglaterra; en cambio de la oferta que se le había hecho de una suma de doscientas cincuenta mil libras y el palacio Pembleton de París.