—Se os entregará el original de la copia que acabáis de leer, y que es la sola pieza importante del pleito que intentamos sostener.
—Muy bien. Pero Walter Bruce está en Bedlam.....
—¡Oh! es tan fácil para Vuestra Señoría el hacerlo salir!
—¿Lo creéis así?
—Vuestra Señoría no tiene más que escribir dos líneas al lord presidente, y Walter Bruce será puesto en libertad.
—¿Y partirá de Londres?
—Inmediatamente.
—¿Y en cambio de mi casa de París y de las doscientas cincuenta mil libras, se me entregará esa declaración?
—Milord, dijo Mr. Simouns, soy un hombre conocido en Londres por mi probidad. Jamás he dado mi palabra sin cumplirla.
—Está bien, dijo lord Evandale. Mañana a esta hora, pasaré por vuestra casa, y concluiremos este negocio tal como lo deseáis.