Tom veía al fin coronados sus esfuerzos; así pasó todo el resto del día con Betzy, y corrieron de taberna en taberna hasta la media noche, bebiendo porter, sherry, gin y aguardiente, anegando por completo su regocijo.

A media noche se acostaron completamente borrachos.

Sin embargo, la mañana siguiente, Tom se levantó como de costumbre, enteramente despejado y con toda su lucidez de espíritu.

Toda la mañana la pasó lleno de impaciencia.

En fin, cuando dieron las dos, salió a toda prisa, tomó un cab, y se hizo conducir a Pater-Noster Street.

Pero en el momento en que entraba en esta calle, ordinariamente tranquila, vio una multitud compacta que obstruía el paso a la casa de Mr. Simouns.

Tom bajó del carruaje y se aproximó vivamente.

La multitud estaba silenciosa y parecía consternada.

Tom quiso penetrar por medio de ella y abrirse paso hasta la puerta gritando: ¡Plaza! plaza!; pero no lo pudo conseguir a pesar de todos sus esfuerzos.

—¿Qué es esto? dijo entonces encarándose con un rough que se hallaba a su paso, ¿qué sucede aquí?