—Pues bien, es necesario ponernos de seguida en busca del capitán.

—Eso es tanto más fácil, repuso Shoking, cuanto que tengo una lancha cerca de Temple Bar.

—Entonces partamos, dijo Marmouset.

—Yo voy a acompañaros, dijo Vanda.

—Y yo también.....

—Y yo también... exclamaron a un tiempo los demás.

—No, dijo Marmouset con tono de autoridad. Vosotros permaneceréis aquí y esperaréis a que yo vuelva.

En ausencia del capitán, Marmouset era ciegamente obedecido. Así, todos bajaron la cabeza, y ninguno presentó la menor objeción.

En cuanto a Polito, no disimuló su satisfacción de quedar allí tranquilo por algún tiempo, pues la pobre Paulina se hallaba destrozada de fatiga y mal repuesta aún de tan terribles emociones.

Marmouset, Shoking y Vanda salieron pues del public-house, y se dirigieron por la ancha vía que toma al principio el nombre de calle y después el de camino de Farringdon.