Tom dejó escapar un grito.

En aquel momento un joven se abrió paso entre la multitud y se acercó a Tom.

Este lo reconoció al punto.

Era aquel mismo pasante de Mr. Simouns, que el solícitor había enviado a buscar al teniente Percy algunos días antes.

—¡Ah! señor Tom! exclamó el joven con los ojos arrasados en lágrimas, ¡qué desgracia! señor Tom, que desgracia!

Tom se había quedado como estúpido.

—Pero... ¡es imposible! dijo en fin.

—¡Oh! eso es lo mismo que yo decía, señor Tom; yo no quería creerlo hace una hora..... Pero lo he visto muerto, bien muerto.

Y entonces el pasante contó a Tom que Mr. Simouns había vuelto a su casa la noche anterior, como de costumbre, en perfecta salud y de muy buen humor.

Que había cenado como todas las noches, y se había metido en la cama un poco antes de las doce.