La mañana siguiente, a eso de las ocho, viendo que tardaba en llamar a su ayuda de cámara, mistress Simouns se inquietó un poco y fue a tocar a su puerta.

Pero, como nadie le respondiese, abrió y entró.

Mr. Simouns se hallaba extendido en la cama, y estaba muerto.

Un médico, llamado a toda prisa, había declarado que el solícitor acababa de sucumbir a una congestión cerebral, determinada por una causa desconocida.

Durante este relato del pasante, Tom hizo grandes esfuerzos para conservar su serenidad y recobrar toda su energía.

—Pero, dijo en fin, ¿es aquí donde ha muerto?

—No, señor; ha muerto en su domicilio, fuera de Londres.

Entonces, ¿por qué hay aquí esa aglomeración de gente?

—Porque la justicia está arriba.

—¡La justicia!... ¿Qué viene a hacer aquí?