Mr. Simouns no había muerto de muerte natural.

Lo había herido la misma mano misteriosa que dirigía la infernal intriga en que se hallaban envueltos lord William y todos los suyos.

¡Y Tom se encontraba solo en adelante para combatir con semejantes adversarios!.....

Pero ya lo hemos visto, el honrado escocés estaba dotado de una energía a toda prueba. Jamás se desalentaba completamente, y tenía la paciencia y la tenacidad de los cazadores americanos.

Esperó quince días, prudentemente escondido con Betzy, en uno de los barrios extremos de Londres, y de allí espiaba sin embargo todo lo que convenía a los planes de su conducta futura.

Al cabo de ese tiempo, el gabinete de Mr. Simouns volvió a emprender sus trabajos.

El mismo pasante que había noticiado a Tom la muerte de su principal, y que era su oficial mayor, fue nombrado solícitor, por providencia ministerial, en el oficio vacante de Mr. Simouns.

Tom fue a verlo de seguida.

El nuevo procurador estaba al corriente del negocio y sabía la marcha que había seguido hasta el día.

—Mr. Simouns ha muerto, dijo; pero yo ocupo su lugar y continuaré su obra. Estoy próximo a obtener que se levante el secuestro, y tan luego como hayamos encontrado la famosa declaración que nos sirve de base en este negocio, obligaremos a lord Evandale a que termine la transacción.