En fin la barca, que había tomado un momento el largo, se acercó poco a poco a la orilla, y Shoking, levantando los remos, la hizo derivar.

La lancha fue a dar contra unas matas espesas que cubrían por aquella parte todo el ribazo.

—Aquí es, dijo Shoking.

Marmouset que tenía la vista penetrante, examinó las malezas y dijo volviéndose a Vanda:

—Estoy convencido de que nadie ha pasado recientemente por aquí.

—¡Oh! Dios mío!

—El capitán y Milon no han salido del subterráneo.

—¡Ah! dijo Vanda con acento desgarrador, ¡sin duda han perecido!

Marmouset no respondió una palabra.

Apartó con un remo la maleza, y poniendo a descubierto una ancha abertura, saltó vivamente de la barca.