—Una de esas Damas vino ayer a ver a un pobre loco que está muy enfermo. Al atravesar la galería adonde da mi celda, esa señora pasó por mi lado y, mirándome fijamente, me dijo:
—Buenos días, Betzy.
Yo hice un gesto de sorpresa.
—¿Me conocéis pues, señora? la pregunté.
—Sí, vos sois la mujer de Tom.
Y como viese que mi sorpresa aumentaba, añadió:
—Y estáis tan loca como yo.
—Pero, repuse con voz balbuciente, ¿cómo sabéis?......
—Yo he asistido a vuestro marido en Newgate, y me lo ha contado todo.
—¡Ah!