—Dentro de dos días vendré a veros. Os advierto que no vendré sola; otra de mis hermanas me acompañará. No temáis nada, pues yo me encargo de todo.

Y se alejó en seguida.

—Todo eso, observó lord William, no me explica cómo saldréis de aquí.

—Yo lo adivino, milord.

—¡Ah!

—Una de las dos hermanas me prestará su hábito.

—Pero entonces, ella quedará en vuestro lugar.

—Sin duda.

—¿Y cómo saldrá ella a su vez?

—Dándose a conocer probablemente.