—Pero de ese modo va a comprometer gravemente a la sociedad de Damas a que pertenece.

Betzy se encogió de hombros, como si quisiese indicar que, en el fondo, lo que le importaba era verse libre; y volviéndose a Edward Cokeries, le preguntó:

—Y ahora, decidme, ¿dónde está ese papel?

—Escuchad, respondió el curial, yo vivo en Old-Grand-Lane.

—Muy bien, dijo Betzy.

—En el cuarto tercero de la casa señalada con el número 7.—Diréis a mi mujer que vais de mi parte, y si no quiere creeros le entregaréis este anillo.

Y Edward Cokeries se sacó del dedo un anillo de oro y lo dio a Betzy.

—¿Y qué la diré después? preguntó esta.

—Que vais a buscar unos papeles y que sabéis dónde se hallan.

—¡Cómo!