—De acuerdo. Pero ahora tendríamos que luchar con enemigos mucho más temibles que lord Evandale.

—¿Quiénes son esos enemigos?

—La Sociedad de las Misiones extranjeras.

—¿Y qué?

—No hay que chocar con semejantes gentes.

—¿Por qué razón?

—Porque nos romperían como vidrio.

Y el joven solícitor, bajando la voz añadió:

—Voy a daros un buen consejo. Si queréis salvar a vuestro marido de la suerte que le aguarda, id a entregar esos papeles a lady Pembleton. Tal vez, al veros desarmada, solicitará la gracia de Tom.

Y con esto el joven solícitor despidió a Betzy.