—No sabrán nada, amiga mía.
—¡Ah!
—Por la sencilla razón de que no os oirán.
—Nosotros los oímos bien. Marmouset se echó a reír.
—No es la misma cosa, dijo.
—¿Por qué razón?
—Porque en el interior del subterráneo, y en un corto espacio cerrado por dos peñascos, los sonidos toman una intensidad que no puede existir aquí donde nos hallamos casi al aire libre.
Esta razón no tenía réplica.
Marmouset prosiguió:
—El rumor que llega hasta nosotros es el de dos personas que hablan. Esto me tranquiliza, porque si nuestros amigos estuvieran heridos, se quejarían.....