—Dos días tal vez.....
—Y aun tres, repuso Rocambole.
—Es decir que tendremos el tiempo de morirnos de hambre.
—En rigor, un hombre puede pasar cuatro días sin comer, dijo tranquilamente Rocambole.
Y hablando así fue a sentarse con la mayor calma en una piedra.
Milon no conservaba la misma tranquilidad. Iba y venía por el subterráneo con una inquietud marcada, y andaba de un lado a otro sin descanso, como una fiera que da vueltas en su jaula.
—No te desesperes antes de tiempo, le dijo Rocambole; supongo que no tienes todavía hambre.
—¡Oh! no, dijo Milon, pero tengo sed.
—Dentro de cuatro o cinco horas podrás beber.
—¿Cómo pues?