—Te engañas, hijo mío.

—¡Ah!

—Es diez veces más violenta que la pólvora nueva.

—¡Demonio! Entonces es necesario poner cuidado.

—¿En qué?

—En no acercar las luces.

—¿Por qué razón?

—¡Bah! ya lo sabéis!... ¡después de lo que nos acaba de suceder!.....

—Dejemos ahí esa pólvora y sigamos adelante, dijo Rocambole.

Y continuaron su camino.