—Me queda algo que hacer aquí.
—¡Ah! sí. Volvemos a los fenians.....
—No.
—¡A fe mía! añadió Milon, no sé qué atractivo pueda tener para vos la Inglaterra.
—Eso depende de la manera de ver de cada uno, dijo Rocambole. Y además, te lo repito, me queda un deber que cumplir.
—Pero, ¿no se trata de esos estúpidos fenians que nos han traído a este mal paso?
—De ningún modo.
Milon no añadió una palabra más, y pareció esperar que Rocambole se explicase. Este guardó silencio por algunos instantes, y al fin dijo de repente:
—¿Crees tú en la cuerda del ahorcado?
—¿En qué sentido? preguntó el coloso sorprendido de la pregunta.