—¿Una historia de cuerda?
—La historia de la cuerda y la del ahorcado que me ha nombrado su albacea o ejecutor testamentario, repuso Rocambole.
—Hablad, capitán, soy todo oídos.
VII
Rocambole se reclinó como pudo sobre su duro asiento, y continuó de este modo:
—¿Recuerdas, buen Milon, cómo empezó nuestra amistad?—Nos hallábamos en presidio y éramos compañeros de cadena. Un día me hablaste de dos huérfanos, a quienes amabas con toda tu alma, y que habían sido causa inocente de tu condena.....
—Sí, sí, respondió Milon enternecido, y recuerdo más todavía, y es que después salvasteis a mis pobres niños, y por eso os soy adicto como un perro fiel.....
—Pues bien, amigo mío, una cosa semejante me ha sucedido por segunda vez.
—¿Cómo?