—Con la diferencia de que no ha sido en el presidio de Toulon, sino en la cárcel de Newgate.
—¡Ah!
—Y de que el hombre de que se trata ha muerto.
—¿Ha sido ahorcado?
—¡Ay! sí.
Y Rocambole dejó escapar un suspiro.
—Escucha, prosiguió. Yo acababa de ser preso y me había dejado conducir sin la menor resistencia. Tenía mis razones para obrar así, pues a ser de otro modo, hubiera podido escaparme mil veces, antes de que se hubiesen cerrado tras mí las puertas de Newgate.
Por lo demás, no fue a esa prisión adonde me condujeron desde luego.
Lleváronme en primer lugar a Drury Lane, y me presentaron al comisario de policía de aquel barrio.
El comisario me interrogó por la forma, y me hizo encerrar en el calabozo que sirve de depósito en el piso bajo de la comisaría.