—¡Ah! ¿os burláis?...
Hablando así, sin dejar su eterno tono festivo, tomó una de las dos únicas sillas que había en mi calabozo y se sentó a mi lado.
—Veamos, amigo mío, mi querido amigo, me dijo, ¿qué es lo que queréis decirme?
—Mi querido gobernador, le repliqué, ante todo quiero haceros una pregunta.
—Hablad.
—¿Si me condenan a muerte, seré ahorcado?
—¡Ay! mucho lo temo, amigo mío. La horca es el solo género de suplicio usado en Inglaterra.
—Bueno, ¿y juzgáis que seré condenado?
—A menos que no hagáis revelaciones de una importancia tal, que os atraigan la indulgencia de vuestros jueces.....
—Eso es precisamente en lo que pienso.