V
HANDS ACROSS THE SEA
| Dice un refrán castellano |
| que Dios aprieta y no ahoga; |
| pero estoy viendo la soga |
| y el movimiento de mano |
| Estenoz. |
San Luis, Junio 12, 1912.
Ya tenemos á los galos en Roma; y aunque los asustados gansos del Capitolio han dado la voz de alarma, difícil me parece que podamos sustraernos á los terribles efectos de la invasión.
Tanto los cablegramas de Washington como los jefes y oficiales que por aquí se encuentran y los que acabo de ver en Guantánamo, afirman categóricamente que los Estados Unidos no tienen el propósito de intervenir en Cuba, lo cual es muy posible; pero, sea éste ú otro el fin que se persigue, el caso es que ya los acorazados y cruceros de la Unión ocupan nuestros puertos y que las tropas yankees, con el pretexto de proteger las vidas y haciendas de los ciudadanos de la Gran República, se han internado en territorio cubano, y establecido guarniciones y destacamentos en los lugares más á propósito para precipitar el mejor día un conflicto de todos los demonios.
Aquí mismo, en el ingenio "Unión", á medio kilómetro de esta sucursal de la Cafrería que se llama San Luis, se halla una fuerza americana de 150 hombres, con artillería, y sus tiendas de campaña y el humo de sus vivacs se distinguen con toda claridad desde los acantonamientos cubanos del general Mendieta.
Podemos, desde luego, estar tranquilos por lo que á nuestros soldados se refiere; ellos no provocarán el más leve rozamiento ni darán lugar con su conducta, que es intachable, á que los estadistas de la Casa Blanca encuentren un nuevo pretexto; pero, ¿puede decirse lo mismo de los otros? Hasta el presente—dicho sea en honor de la verdad—todos los militares del Tío Sam, desde los de más elevada jerarquía hasta el más humilde soldado, han procedido con exquisito tacto y corrección intachable; pero ya conocemos á los americanos del ejército, sabemos lo impertinentes que suelen ponerse, y cualquiera impertinencia en los actuales momentos podría originar un verdadero lío de funestas consecuencias para todos.
Yo no acierto á comprender (lo digo con toda sinceridad) la razón que haya podido tener el gobierno americano para precipitar sobre Cuba su escuadra y ocupar militarmente una porción no pequeña de nuestro territorio. ¿Qué se propone la Gran República, qué fines persigue, á impulsos de qué sentimientos obra?
Se sabe de manera indubitable que el primer grito de alarma lo dió Mr. Brooks, ó hablando con más propiedad, el señor Brooks, convertido en mister por impulso espontáneo de su libre albedrío. Este caballero, ó por mejor decir, este gentleman, que lamenta de todo corazón el haber nacido en Cuba, desempeña en la Nigricia criolla, esto es, en Guantánamo, las funciones de cónsul de S. M. Británica, y se siente más sajón que el rey Haroldo.
El, como muchos que adquirieron patente mambisa en la revolución del 95, no tiene ni tuvo nunca otro ideal que derribar el imperio español para levantar el imperio yankee. Sin duda que el señor de mister Brooks, en su calidad de British subject, hubiera preferido un nuevo Transvaal á una segunda edición de Puerto Rico; pero á falta de pan, buenas son tortas; y ya que no es posible cantar el God save the King, bien puede un sajón, por honorario que sea, darse por satisfecho cantando el My country it is of thee; después de todo, la música es igual, y el Hail Columbia y el Rule Britannia vienen á ser una misma cosa......