Es verdaderamente extraño lo que ocurre con los partidas alzadas en armas. Desaparecen como si la tierra las hubiera sepultado, perdiéndose el rastro de los núcleos más importantes, en los caminos, y de tarde en tarde un grupo incendia un indefenso poblado, ó asalta una cantina; salen las tropas en su persecución y siguiendo la huella que sus caballos dejan en el lodo, llegan por lo regular á un lugar donde esas huellas se multiplican tomando distintas direcciones, y dejan indeciso y sin saber qué rumbo tomar al jefe de la columna. Todo esto hace que se prolongue este movimiento que tanto perjudica á Cuba.
Entre tanto la ley marcial ha sido promulgada y las medidas enérgicas por parte de las tropas hacen concebir esperanzas de que esta situación no ha de prolongarse mucho tiempo.
XII
COMO SE PRESENTO LACOSTE
Eugenio Lacoste es un mulato, hijo de franceses, que se encuentra paralítico desde los 18 años de edad, contando en la actualidad unos cuarenta y cinco años.
Es hombre de regular cultura, y su influencia entre los negros de este término municipal es generalmente reconocida, pues en muchas ocasiones ha hecho triunfar en Guantánamo á los distintos partidos políticos á que ha pertenecido, trayendo á votar centenares de hombres que lo seguían ciegamente. En las últimas elecciones presidenciales fué uno de los más entusiastas defensores de la candidatura del General Gómez, procurándole gran cantidad de votos. Desde que comenzaron á propagarse las doctrinas del Partido Independiente de Color, fué Lacoste uno de los principales, si no el principal jefe del Partido, pues nada se hacía sin contar con su previa aprobación; dedicando á la propaganda del mismo todo su empeño y hasta su dinero, pues posee una mediana fortuna como dueño que es de una regular extensión de tierras sembradas de café en las inmediaciones de Guantánamo, que son conocidas con el nombre de "Dios y ayuda".
Ya había salido días antes el comandante Rafael del Castillo en persecución de Lacoste, y seguramente lo hubiera capturado, si no hubiera recibido orden de regresar inmediatamente á Guantánamo, lo que motivó que el valiente comandante tuviera que aplazar todas las operaciones hasta su regreso.
El día 10 salió nuevamente el comandante Castillo en persecución de Lacoste, quien según confidencias se encontraba internado en Yateras, lugar que se encuentra en el centro de unas cordilleras de montañas inaccesibles, y al cual solo puede llegarse dando enormes rodeos por infernales caminos.
Desde que la columna Castillo entró por el lugar llamado Boquerón, comenzó el tiroteo de los rebeldes. Estos, acostumbrados á que las columnas españolas cuando la guerra de Independencia, para atravesar aquellos caminos tenían que ir protegidas por el fuego de la artillería, se creían inexpugnables en aquellas fortalezas naturales, y sostuvieron largo rato el fuego; pero pronto abandonaron sus posiciones, entregándose una vez más á su sport favorito: correr para ponerse á prudencial distancia de las balas del ejército.
Durante todo el camino la columna Castillo fué hostilizada por pequeños grupos de alzados, que internados en el centro de los más fragosos montes disparaban sus armas sin que pudieran ser vistos. En más de una ocasión salieron á batir esas partidas pequeño núcleos de fuerzas, al mando de los tenientes Cruz, Estévez, Delgado, Sacramento, Baster y Betancourt, los cuales procuraban acercarse todo lo que era posible á las lomas en que las partidas tenían sus campamentos, y desde allí les hacían fuego, produciéndoles siempre algunas bajas.
También el pelotón de la Guardia Rural al mando del sargento Rizo y el cabo Fifí, prestó excelentes servicios, demostrando una resistencia y un valor extraordinarios.