El General Monteagudo, que conoce mejor que nadie el problema, por haberlo estudiado detenidamente bajo todos sus aspectos, es partidario decidido de la organización de las milicias; y sus iniciativas en este sentido deben encontrar en todas partes el apoyo decidido de cuantos se interesen por el bienestar de Cuba.
Por lo que se refiere á reformas y modificaciones en el ejército regular propiamente dicho, sabemos también que el General en Jefe tiene algunas en cartera, tales como el aumento de la Guardia Rural y la creación de un cuerpo de dragones, soldados instruídos y armados para combatir indistintamente á pié y á caballo, y que, útiles en todas partes, resultan indispensables, ó poco menos, en países como el nuestro, donde la movilidad es, en la mayor parte de los casos, el auxiliar más poderoso de la victoria.
Ahora bien: para que una tropa de esta índole sea verdaderamente eficaz, lo primero que hay que hacer es dotarla de buenos caballos, y éstos (contra lo que generalmente se supone) son muy escasos en nuestra tierra.
El caballo criollo, que pudo ser en época lejana tan bueno como el mejor, ha degenerado lastimosamente, y casi puede asegurarse que desde la guerra de Independencia, y como triste consecuencia de ella, no hay caballos en Cuba.
Testigos presenciales de las vicisitudes y los incidentes de la penosa campaña que acaban de librar nuestras tropas en Oriente, hemos tenido oportunidad de admirar en muchas ocasiones la increible resistencia de los soberbios corceles del Tercio Táctico, de la Guardia Rural, que una vez aclimatados resisten admirablemente la temperatura tropical y son capaces de realizar jornadas increibles, lo mismo por la sierra que por el llano, sin experimentar el más leve quebranto.
Ahí están en corroboración de lo que decimos los nobles brutos de los escuadrones que mandan los capitanes Iglesias, Perdomo y Amiel, que después de dos meses de incesante y cruenta labor, se conservan en inmejorables condiciones, y tan frescos, saludables y robustos, como si no hubieran salido del campamento de Columbia.
Y en cambio, y ofreciendo el más doloroso contraste, los misérrimos caballejos criollos del Regimiento Núm. 3, á duras penas han podido llenar medianamente su cometido.
También con esto que dejamos apuntado está de acuerdo el General Monteagudo, entre cuyos proyectos figura el de adquirir en los Estados Unidos, un número suficiente de caballos del mismo tipo de los que tan excelente resultado han dado en el Tercio Táctico de la Guardia Rural.
XXIII
EL FUEGO DE PALMA MOCHA
Por fuerzas del capitán Perdomo.