Sala de las Camas y baños.
En el patio del Estanque, y en el costado largo de la derecha, hay una puertecita que se hallaba tapiada y nosotros hemos abierto, con una escalera soterrada, del tiempo de los árabes que conduce directamente á la sala de las Camas. Antes de bajar por ella se hallaba á la izquierda un megle ó pequeño aposento, con un pórtico de dos arcos apoyados sobre una columna, cuyo notable capitel se encuentra hoy en el museo del Alcázar, donde también existen algunos restos de azulejos cuadrados del mismo sitio. La que describimos era la verdadera entrada de los baños, cuya obra es también del tiempo de Abul Hachach, á la mitad del siglo XIV. Se entra también á ellos por un embovedado que pasa debajo del patio del estanque y comunica con el de la mezquita; y así lo hallamos ya en las descripciones del año 1526, donde se dice que estaba en comunicación con la sala de las Dos Hermanas y el harem; lo cual es cierto, porque hemos hallado restos de escaleras inmediatas al último cuarto de los baños.
La sala de las Camas tiene dos divanes y cuatro puertas; una especie de tribuna ó corredor con antepechos; un cuarto alhamí, especie de morada oculta de alguna favorita, y las tribunas donde se juntaban las odaliscas á recitar las kasidas, y á cantar y tañer instrumentos de cuerda, mientras pasaba el sultán las horas de reposo.
Sufrió modificaciones importantes desde muy antiguo, hasta la última del año 1827, que le hizo perder un cuerpo más alto que tenía, guarnecido de ventanas caladas. Nosotros la hallamos así el año de 1848. Importaba mucho á nuestro juicio que este misterioso cuarto, quizá el de más carácter oriental, no se acabase de perder, y en él puede decirse que hicimos los primeros ensayos de restauración.
No era nuestro propósito llevar las restauraciones hasta el caso de pintar y dorar con la exuberancia que lo hicieron los árabes; porque sostenemos con respecto á la restauración de las obras de arte la opinión, de conservarlas hasta donde sea humanamente posible, y después que la obra se cae rota ó pulverizada, reponerla, cubriendo el hueco con otra semejante, para que la nueva sujete á la antigua que se halla expuesta á desaparecer también.
Esta teoría es aplicable en absoluto á los edificios, y puede admitir modificaciones en la pintura y escultura; pero si se conduce bien, prolongará la vida al monumento indefinidamente, sin que deje de notarse lo que corresponde á cada época de restauración.
Parece á primera vista que hay cierta exageración de color que contrasta mal con la suave entonación que da el tiempo á los edificios. Cuando se visita la Alhambra se hallan decoraciones de color tan agradables y dulces como la de la sala de las Dos Hermanas, los planos de las de Comareh, y otras donde se ven tintas suaves y nacaradas que no hieren la vista, porque han sido obra del tiempo. Los adornos mutilados, los colores medio desprendidos, el oro empañado por los siglos, amasadas las tintas por el polvo constante y la influencia atmosférica, han cambiado el efecto primitivo del alcázar; pero los lienzos de pared que han estado privados de luz y de aire muchos siglos, se han descubierto hoy con toda su frescura é intensidad, y en ellos es donde se ve ese colorido fuerte que resalta en esta sala, sin faltar á la verdad ni á su carácter.
Salas de las Camas y Baños.
La estructura de este cuarto está indicando que servía para desnudarse y prepararse á la temperatura de las demás habitaciones donde ninguna corriente de aire podía penetrar; la luz era recibida en él desde una altura de doce metros á lo menos. Dos alcobas donde colocaban bordados almadraques para reposar, nos seducen todavía; y por una puertecita que hay en uno de los ángulos se ve la entrada á más estrechos y retirados lugares, cuyo destino se adivina fácilmente.