Las dos columnas tienen de notable que sus capiteles son tan raros como los del templo Jain de la India, ó los de los baños árabes de Cefalú en la Arabia; su forma extraña y caprichosa obedece á dos inspiraciones: una siriaca y otra greco-romana[151].

En el centro de este patio había una fuente más elevada, y pasando el intercolumnio se encuentra una pequeña sala que fué reedificada después de la conquista, como lo indica su techo, y en su centro se abre una ventana con trazas góticas, que debía servir antiguamente de puerta de la torre que pudo ser destruída con motivo de la construcción de la de Comareh.

La Capilla.

En el patio anterior hay una puerta moderna, que da paso á la Capilla que pudiéramos llamar mudéjar, porque se reconstruyó en 1537 y se hicieron sus mosáicos por Antonio Rojas, obra primorosa con escuditos alhamares y del primer alcaide cristiano. En aquella reconstrucción se rebajó el pavimento y se aprovecharon tres techos de ensambladuras, haciendo de nuevo los demás y todos los plafones y emplanchados. Su estructura primitiva debía ser á semejanza de la sala de las Camas, más alta del techo en su centro y con tribunas y menacires.

El altar es una composición de mal gusto, de piezas de mármoles que han debido servir para otro objeto muy distinto. Parece que formaron parte de una gran chimenea que se hizo para las habitaciones del Emperador, con otras que ya hemos citado de la sala de las Ninfas.

Por debajo de la tribuna se entra en una pequeña estancia cuyo destino no habría sido fácil explicar, si no se hubiera conservado un arco y un nicho del género que siempre emplean los musulmanes como Kihblah ó santuario de sus aljamas, y del que hay muchos ejemplos en todas partes; cosa bastante singular, porque parece que desde la construcción de la Gran Mezquita de Córdoba todos los que se hicieron después en España y Africa fueron imitados del arco de herradura adovelado por dos curvas excéntricas, cuya forma aparece original y digna de estudio; y hasta la época más moderna ha continuado la tradición en Marruecos, donde los nichos sagrados en que se guarda el libro koránico tienen allí esta forma. Tanto su disposición como el nombre dado á este cuarto por varios historiadores, además del no menos importante dato de la dirección de los muros ó paredes de Oeste á Este y la situación del nicho perfectamente orientado, son testimonios más que suficientes para suponer que fuese la pequeña Mosala al-aidi ú oratorio[152] del palacio, levantada, como ya hemos dicho, en uno de los ángulos del patio llamado luego de Machuca.

Hemos intentado hacer más indagaciones en este aposento y han dado por resultado nuevos vestigios de arcos y relieves antiguos, los cuales subsistían bajo una gruesa capa de yeso, con la cual los habían cubierto en épocas cristianas. Su pavimento ha sido también rebajado como el de la anterior capilla y nótase la puerta que lo tuvo en comunicación con un estrecho pasadizo, que conduce á la Torre de los Puñales y á la parte arruinada del referido patio de Machuca, en cuya torrecita, muy ruinosa, se nota el techo antiguo, compuesto de pequeñas alfargías, y en un costado las señales de tragaluces de arco redondo donde habría agemías caladas.

Es éste un pequeño cuarto con ornamentos preciosos, diferentes de los del alcázar y con una ancha ventana en su testero principal, donde había una especie de mirador ó menacir de madera, cubierto de celosías, como las que se ven en el Cairo, y de las cuales quedaban todavía muchas en Granada á principios de este siglo. Del otro lado de la torre continúan los pequeños cuartos reservados que servían de viviendas, los cuales terminan con la muralla, en la puerta del Bosque.

Como se observa, desde esta torre se bajaba á un enclaustrado de arcos, hoy cubiertos, que hacían un frente del gran vestíbulo á que nos hemos referido en los últimos párrafos.

Concluye aquí la descripción del más interesante alcázar mahometano que se ha construído.