Armas árabes.

Palacio del Emperador Carlos V[153].

En el centro de la Alhambra se pensó levantar hacia el año 1526 el Palacio del Emperador Carlos V. Para establecer su ancha cimentación en un paraje de los más estrechos que ofrecía el conjunto de baluartes, y que estuviera en relación al mismo tiempo con el palacio viejo de los moros, fué necesario destruir una porción de casas árabes que se encontraban en esta pequeña y antigua población morisca, á la cual se entraba por la puerta del Vino, las cuales se demolieron para hacer este palacio, hermoso y bello en cualquier otra parte que se hubiera edificado, pero no tanto entre estos vestigios oriundos de una civilización completamente extraña á las luces y al movimiento intelectual del siglo.

Carlos V vino á Granada desde Sevilla buscando los recuerdos halagüeños del reinado de Doña Juana, en cuyo tiempo se consideraba este sitio como uno de los más frescos y saludables de Andalucía en la estación de los grandes calores; y extrañando que la corte española se hubiera hospedado en los aposentos de los moros, sin dejarlos de admirar y recomendando su conservación, mandó construir este palacio, encargándolo á artistas especiales y dotándolo de rentas suficientes. Los moriscos pagaban 80.000 ducados entonces, porque les permitieran sus usos y costumbres y por conservar trajes y ceremonias que les era difícil abandonar; de ellos destinó 10.000 para su obra, que se pagaban anualmente, añadiéndole 6.000 de las rentas del alcázar de Sevilla, y el importe de las penas de Cámara de los corregimientos de Granada, Loja y Alhama.

Desde algún tiempo eran innumerables los artistas que, procedentes de Italia, hacían en España, la mayor parte de las obras, los cuales consideraban el arte ojival como bárbaro, y se inclinaban decididamente al greco-romano, copiando sus majestuosos edificios, dotándolos de mayor riqueza de ornamentación y dándoles ese sentimiento pagano que irremisiblemente habían de ostentar. Debía pues, ser este palacio uno de los más ricos y suntuosos que se construyeran en España, rivalizando con el decantado arte traído por los vencidos musulmanes, y era preciso coronar la Alhambra de las glorias del Emperador para que se olvidaran las grandezas del pueblo árabe. Así se hizo con toda la posible arrogancia, derribando cuanto se oponía, hasta que aparentemente desapareció el carácter distintivo del baluarte musulmán[154]. Se buscó la inspiración en el palacio florentino, en la iglesia de Pisa, en Santa María la Mayor de Roma y en el patio del palacio viejo de Arnoldo di Lapo. Su estilo tiene toda la rigidez del panteón, toda la regularidad académica de San Juan de Letrán, toda la exactitud y proporciones de los entablamentos romanos; pero carece de la uniformidad que aquéllos guardan en la colocación de sus órdenes, y se resiente de la influencia del ornato á expensas de las proporciones de sus apilastrados y cornisamentos. Sin embargo, este edificio había de ser en España una preciosa joya sin rival, por la delicadeza de sus dibujos y refinamiento de sus esculturas.

La falta de unidad se nota en la contraposición de estilos que ofrece el primero y segundo cuerpo, pues mientras aquél tiene los modillones robustos de una construcción toscana poco delicada, el segundo es del orden jónico con todas las galas del renacimiento en los tímpanos y molduras, coronado por un cornisamento dórico de hermosa ejecución; y esta diversidad de contrastes está limitada en las portadas de los centros, donde hay uniformidad y clasicismo en el primero y segundo cuerpo, indicando que artífices de muy diverso gusto construyeron el edificio, y que su elaboración se prolongó más de sesenta años. Según los datos existentes en el archivo, si bien fué el año 1526 aquel en que se empezó á construirlo, no aparece la obra en ejecución hasta mucho después, habiéndose empleado largo tiempo en la cimentación que dirigió Pedro Machuca y su hijo Luis (1529), en cuyo año murió; continuando los trabajos bajo la dirección de Juan Orea y Juan de Mijares, hasta Pedro Velasco que se encargó de las obras en 1583. Y no se puede fijar la sucesión exacta de sus directores, porque se encuentran documentos firmados por Nicolás de Corte y Mijares, quienes en 1545 el primero y 1588 el segundo, lo mismo dirigían las obras, que se ocupaban de hacer esculturas, pues los arquitectos de aquella época eran decoradores de origen, al par que grandes prácticos que se encargaban indistintamente de la edificación y del ornato.

La planta cuadrada tiene 220 pies de lado y la altura es de 60, en dos cuerpos. En ambos hay un sistema de apilastrados, entre los cuales quedan los huecos de balcones, claraboyas y tímpanos adornados de esculturas como vasos griegos, guirnaldas de granado, esfinges y tarjetones, obras hechas todas por Morell y Juan de Vera.

En los centros de las fachadas de Poniente y Sur se levantan dos pórticos hermosamente labrados en mármoles de diversos colores, entre los que se notan la piedra serpentina de Sierra Nevada, sin rival por su hermoso color, los blancos de Macael manchados de rojo que hay en los medallones, y los pardos finos de la inmediata Sierra de Elvira. En la puerta cuadrada del centro, sobre el frontón, se ven hermosas figuras recostadas, encima, medallones con cuádrigas y caballeros armados á la flamenca, y sobre los tres balcones del segundo piso, tres medallones labrados por Pedro de Ocampo, escultor sevillano, los cuales representan, uno el escudo real de España, y los otros escenas mitológicas de los trabajos de Hércules. Son admirables en este lado las batallas de bajo-relieve hechas sobre los netos de los pedestales, cuyo croquis publicamos, y las famas ó glorias alusivas al dominio de ambos mundos que hay en otros, las cuales hizo Antonio de Leval en la cantidad de 145 escudos cada uno, suma insignificante que en nuestros tiempos equivaldría á 700 escudos á lo menos. Al mismo se atribuyen los estilobatos, según documento que existe en el archivo, reclamando su valor. Los citados espejos de Hércules costaron 430 escudos; y los escultores Salazar y Pablo de Rojas hicieron las estatuas por la suma de 185 escudos[155]. Entonces se pagaba por la talla de cada una de las cartelas de la cornisa con el florón y cubierta de cada entrecán, la cantidad de 28 rs., según ajuste que firma Juan de Mijares, encargado de estas obras el año 1588.

En la otra portada del Mediodía hay menos clasicismo greco-romano, y su composición es una obra de renacimiento con esculturas más fantásticas y menos perfectas. Cuatro columnas jónicas sostienen el cornisamento, en cuyo friso se lee: Imperator Cæsar Car. V, y en los costados de los pedestales, sobre los que descansan leones sin concluir, se ven trofeos de las guerras contra los árabes, muy interesantes para los estudios arqueológicos.