En su segundo cuerpo hay un pórtico de tres ventanas arqueadas, y en las enjutas se hallan labradas ninfas alegóricas á la historia, escribiendo sobre anchas tablas de mármol. En los netos se ven figuras triunfantes de la mitología, centáuros y escenas paganas, como el robo de Anfitrite por Neptuno, las columnas de Hércules, etc., obras todas de los citados Morell y Juan de Vera.
Bajo-relieve del Palacio del Emperador.
Hay alguna irregularidad en la distribución de ventanas de la fachada de Poniente, lo cual está demostrando que el que hizo el proyecto primero de esta decoración no pudo terminarlo y que los artistas posteriores al año 1564, en cuya época no estaba hecho más que el primer cuerpo, proyectaron después la fachada del centro, y no pudieron arreglarse á los ejes de la construcción primitiva. Lo mismo puede decirse de los muros trasversales interiores, que en lugar de resultar adosados á los mazizos resultan algunos en los claros de los balcones, para cubrirlos sin duda con ventanas fijas de madera que no llegaron á colocarse.
También llamamos la atención hacia los agujeros que hay en el primer tercio de las pilastras almohadilladas, donde estaban clavados los manillones de bronce que se guardan hoy en el pequeño museo del Palacio árabe.
En el ángulo de estas dos fachadas descritas se ve el arranque de un arco que debió construirse para separar la plaza de los Aljibes de la de los Álamos, y constituir en la primera la plaza de Armas haciendo un gran arco de triunfo que quedó en proyecto.
El interior de este edificio ofrece una singular composición reprobada como regla general en el arte de construir. El círculo inscripto en el cuadrado deja cuatro irregulares estancias triangulares que no pueden servir de nada, y aunque aquí se ha aprovechado una de ellas con la escalera principal del palacio, las otras quedan como huecos ó rincones que afean la distribución. Aparte de estos defectos, tiene el patio tan imponente decoración, á causa del cenador circular apoyado sobre treinta y dos elegantes columnas dóricas que sostienen la bóveda en dirección anular, que nos recuerda los magníficos pórticos de la vía Flavia en Roma. Sobre el primer enclaustrado se alza la galería de orden jónico, ceñida por un anillo tallado á dovelas de lintel plano, en las cuales se halla incluído el arquitrabe, friso y cornisa, tan admirablemente unidos, que sin ser entibado este círculo de piedras por ninguna fuerza exterior contra su centro, se ha sostenido durante cuatro siglos sin descomponerse ni que se rompa ninguno de los bloques de la curva.
Todas las demás decoraciones se reducen á los conocidos apilastrados y entablamentos, nichos para colocar estatuas, frontispicios, basamentos y cuantos detalles desarrolla el estilo modulado de esta conocida arquitectura.
La escalera citada ocupa el ángulo Sudoeste, y no tiene más mérito que la magnitud de los peldaños y las bóvedas hornacinadas que trazó Francisco de Pontes, otro de los artistas que se ocuparon en estas obras.
En el ángulo de la planta que mira á Oriente, hay un departamento de forma octogonal y muros de mayores dimensiones, que se destinaba á Capilla del Palacio, y debía cubrirse, según el proyecto, con una bóveda semi-esférica. El suelo de este pabellón se halla sobre una bóveda subterránea, á la cual se entra por el patio del Estanque, y ocupa el terreno que ya hemos estudiado, por donde se extendían las habitaciones que llamaron de invierno en el Palacio árabe, las cuales no pueden indicarse en el plano, porque han desaparecido hasta los cimientos.