En el grueso de los muros y en la forma octogonal ya descrita, hay dos escaleras de las llamadas de caracol, que desde la bóveda subterránea suben hasta el cornisamento del edificio.
Aparte de las imperfecciones de distribución que tiene una obra hecha por diferentes arquitectos, siempre es admirable en el mecanismo de la construcción, el desarrollo de entibaciones y el ajustado corte de piedras. Sus esculturas carecen por regla general de buen dibujo; pero abundan en delicadeza de trabajo, fantasía y riqueza de detalle. Las superficies de los muros están generalmente revestidas de la fina piedra calcárea de Escúzar, y por dentro de la de Alfácar, más dura y grosera. Las columnas y galerías del patio, son de piedra conglomerada, vulgarmente almendrilla, que es muy bella y se trabaja difícilmente.
Hacia el año 1590 se hallaban todavía sin labrar la mayor parte de sus esculturas, y nosotros dudamos si este edificio llegó á cubrirse definitivamente, pues aunque á principios del siglo XVII se hallaba reunida en los almacenes de la Alhambra toda la madera que se había traído con este objeto de los pinares de Segura, en tal caso, creemos que sólo el anillo del corredor circular llegaría á cubrirse.
Por último, los mejores artistas de la época, como Juan de Cubillana, entallador, en 1560, Juan del Campo, en 1565, Landeras, en 1584, Núñez de Armijo y los Machucas ya citados, Ocampo, Leval, Baltasar, Godíos y otros que hemos tenido ocasión de mencionar, tomaron parte en la ejecución de las obras, con sueldos que variaban de 130 á 200 maravedís diarios, según consta de los legajos del archivo.
Pilar del Marqués de Mondéjar.
Fué construído de orden de este segundo Alcaide, según consta del archivo y lo indican los escudos esculpidos en la caliza de Sierra de Elvira, sobre el paraje donde se hallaba el repartimiento de aguas de los barrios de Gomeres y Churra.
Aunque simple en su composición, por hallarse adosado á una muralla que en lo antiguo cerraba delante de la puerta Bib-Xarca, y continuaba luego á enlazarse con el camino de circunvalación de la torre de las Cabezas, es muy bello en sus detalles escultóricos. Está situado en el final de la cuesta ó camino único que desde el barrio de Cuchilleros y cuesta de Gomeres conducía entonces á la Alhambra, paso frecuentado durante cuatro siglos, hasta que se abrió el del centro de la Alameda en 1831. Por las inscripciones, se ve que fué dedicado al Emperador; tiene hermosos adornos del renacimiento sobre sus cornisas, y tres rosetones con cabezas cargadas de frutos, alusivos á los tres ríos que pasan por esta ciudad. Se empezó á hacer en 1557, y aun quedaba algo por concluir en 1624. Sus cincelados son del escultor Alonso de Mena, y algunos van desapareciendo, particularmente donde están esculpidas escenas mitológicas de notable primor. La traza general es el greco-romano del renacimiento, poco esbelto y gallardo, pero propio para el lugar y objeto á que se destinó. En nuestro tiempo han restaurado algunas esculturas decorativas de uno y otro lado del segundo cuerpo, que se confunden con las antiguas.
Los dos últimos monumentos que hemos mencionado de estilo tan diverso del árabe, forman ya en el número de los nobilísimos que se alzaron en este mágico recinto, y por eso no nos podíamos dispensar de citarlos ligeramente, antes de abandonar los tan preciados de la dominación agarena.
Cercas antiguas de Granada, puertas y alcazabas.
Era la primera condición de todas las antiguas poblaciones que se levantaron ó engrandecieron durante los siglos medios, que debían estar situadas en grandes alturas, y rodeadas de muros en dos, tres y cuatro falanges, según su importancia; y aunque esto fuera peculiar también de más antiguos tiempos, nunca se observó con más rigor este sistema de defensa, como en la citada época y particularmente en España, donde si se contaran las fortificaciones destruídas, sería mayor su número que el que cuenta la mitad de Europa. En Granada hubo diversos circuítos amurallados, principiando por el de Hiznarromán, atribuído á los tiempos romanos y fenicios, sin fundamento incontrovertible; y se supone que los árabes encontraron el castillo citado con otros vestigios que destruyeron después, en el sitio llamado hoy placeta de las Minas y carmen de Lopera, con ruínas de un templo pagano. Multitud de inscripciones se descubrieron más tarde, sobre cuyo asunto se formó un célebre proceso que no escandalizó muy poco en aquella época. Parte, pues, desde este sitio el baluarte de estructura árabe que hay á la vista en diversos parajes, construído próximamente cuando las primitivas torres Bermejas que ya hemos citado, el cual dominó en aquella colina, como en su día dominaron los castillos romanos que allí hubiera sobre alguna pequeña población, anterior quizá á los tiempos visigodos, no tal como se encuentran hoy, sino destruídos y vueltos á edificar en forma de alcazaba, que se llamó después Cadima ó vieja; precisamente como sucedió con la de Al-hamrra, donde se construyó una fortificación más antigua y más pequeña que la que hoy existe. Dicha alcazaba apenas podría contener una población de 500 vecinos antes que se hiciera la gidida ó nueva, en cuyo tiempo se trataba ya de abandonar á Illiberis; lo cual nos induce á sospechar si el primer castillo que se construyó en lo más alto de lo que hoy se llama barrio del Albaicín se hiciera para dominar un pueblo que había del lado de Poniente, el cual fué origen de la ciudad árabe que fundó Bidis-ben-Habus, ocupando el Zenete por un lado, y por otro la alcazaba citada. Desde la conquista y particularmente en el siglo XVI se han hecho descubrimientos en Hiznarromán, que con los del Sr. Mendoza (1871), dan á entender que hacia el aljibe grande había un muro que terminaba en la Puerta Nueva, donde Mármol fija el asiento primitivo de la Castela de Ben-Aljatib ó del Castillo de Gazela, como él lo llama, y su construcción es como la de Hiznarromán, fácil de confundir con la romana y cartaginesa.